Por sexta vez en el término de tres meses “el señor que se encarga de lavar la ropa” en casa claudicó, rechinando amenazante en la mitad de su misión. La ropa bien, gracias, si no fuera porque quedó chorreando agua jabonosa, pidiendo un enjuague a gritos y ahora, con este tiempo, vaya a saber cuándo podrá secarse. En la era del “fuzzy logic” y con un lavarropas clase AAA, los Tucker hemos vuelto a “la colonia”, hastiados por el comportamiento impredecible de este artefacto de primera necesidad, incidente del que se toma conciencia solo cuando estos eventos tienen lugar, y así comienza nuevamente el via crucis al que Ariston -tal el apellido del señor artefacto-, nos tiene acostumbrados pese al cuidado extremo y buen trato recibido, el muy ingrato.
Varón doméstico y organizado como hay pocos, me niego -tamaña ingenuidad la mía- a resignar el confort que supimos conseguir, máxime cuando se trata de una tarea habitual y automatizada, solo porque el destino y la impericia del servicio técnico dispuso que esta cosa con apenas dos años de uso reincida con sus fallas recurrentes, obstinándose en hacernos la vida imposible. A pesar de que hemos sido pacientes testigos de otras épocas, rendimos culto a los beneficios de la tecnología y nuestra suerte, lamentablemente, está en manos de los putos electrodomésticos con los cuales nos vamos rodeando. Aunque ni el mejor dispositivo móvil, la notebook más rápida y liviana del mercado o el auto más potente te brinden la misma seguridad que esa blanca y silente presencia, que dejará más blanca aún la camisa que te pusiste esta mañana mientras tomabas un "expresso" recién molido.
Los argentinos podremos resignarnos a las listas testimoniales del oficialismo y a la pobreza intelectual del debate de los candidatos de la oposición, pero nunca al capricho de un "lavabiancheria" italiano que reniega de sus obligaciones cuando más se lo necesita. Esta mañana, mientras nos aproximábamos al empleo, Leah volvió sobre el tema, haciéndose cargo del reclamo pertinente ante la compañía que garantiza la cobertura extendida.
- ¿Hola?... ¿La señorita Cinthya, por favor?
- La señorita Cinthya no puede atenderle ahora, ¿porqué tema llama?...
Leah piensa unos segundos antes de responder, le cuesta hilvanar la trama de una larga y absurda historia mientras hojea los comprobantes del servicio técnico acumulados desde marzo. Finalmente la operadora, afirmando que Cinthya se encuentra a cargo del caso, le responde:
- Pero la unidad fue reparada en mayo, ¿no es así?
- Sí, al menos eso parecía, pero ayer dejó de funcionar.
- Y… ¿qué falla tiene?... -ahí vamos otra vez.
- Bueno, no sé… hace “traka traka” o “kri kri”, imagínese…
- En ese caso informaremos al departamento técnico para que concurra al domicilio -sentenció.
Y sí, el departamento técnico dará curso al reclamo y con un poco de suerte el trance podrá ser superado, ignoro cuándo, mientras el chino del Lave-Rap gestionará nuestras necesidades en la materia. Eso sí, estoy tentado por reincidir y “cometer compra”, término patentado por e-Jay, en tanto evalúo las acciones legales pertinentes, las que indudablemente caerán en el olvido gracias a la poca estima y dignidad que nos caracteriza a los rehenes del consumo.
Si dice “Ariston”, bájese y tome otro vuelo.

